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Juguetes. 1920 – MARÍA BLANCHARD

16 Oct 2014, Publicado por indesign en Arte Contemporáneo, Pintura
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MARÍA BLANCHARD (Santander 1881 – París 1932)
“Juguetes”. 1920
Óleo sobre lienzo
Procedencia: Galería Juana Mordó
Medidas: 92 x 65 cm
[Fuente: Diario ABC Fecha: 18-10-2012]

MARIA BLANCHARD, “LA OUTSIDER” RESCATADA

Compartió con Picasso más que el año de nacimiento (1881), también experiencias artísticas en la bohemia parisina. Solía decirle el malagueño: «Pobre María, crees que una carrera se hace solo a base de talento…» Ser mujer y artista en un mundo de hombres no debía resultar nada fácil, y mucho menos para María Blanchard, cuya deformidad física le causó un gran sufrimiento durante toda su vida.

Ramón Gómez de la Serna la describe así: «Menudita, con su pelo castaño despeinado en flotantes “Abuelos”, con su mirada de niña, mirada susurrante de pájaro con triste alegría». Y Diego Rivera, uno de sus grandes amigos, con quien compartió casa y estudio en París y Madrid, hace el siguiente retrato de ella: «Era jorobada y alzaba apenas poco más de cuatro pies del suelo. Por encima de su cuerpo deforme había una hermosa cabeza. Sus manos eran, también, las más bellas manos que yo jamás haya visto».

Sus colegas y amigos (Juan Gris, Diego Rivera, Jacques Lipchitz, André Lohte) se rindieron a su genio y su poderosa personalidad: la aceptaron como una más del grupo. Se medía con ellos en las principales exposiciones, viajaban juntos y acudían a las tertulias de La Rotonde, en París, y del Café de Pombo, en Madrid. José Bergamín recordaba su «imagen mágica y doliente». Años después, Gerardo Diego, que la conoció en casa de Juan Gris, confiesa: «Me admiraba su clarividencia y su profundo sentido del arte y de la vida».

Pero esta santanderina padeció en propias carnes no solo graves problemas económicos y de salud. El poderoso marchante Kahnweiler denunció en los años 40 que se había eliminado la firma de María Blanchard de algunos de sus cuadros, sustituyéndola por la de Juan Gris para que se revalorizaran en el mercado. Así ocurrió con una de las obras presentes en la muestra: «Naturaleza muerta roja con lámpara», del Museo Ludwig de Colonia, durante años atribuida a Juan Gris.

Ochenta aniversario de su muerte

Con motivo del 80 aniversario de su muerte (París, 1932), se reivindica ahora su figura -una de las más brillantes de la vaguardia de comienzos del siglo XX- con una gran retrospectiva en el Reina Sofía, organizada por este museo junto con la Fundación Botín, donde ya recaló una exposición centrada en su etapa cubista. En este caso, se aborda toda su carrera a través de 74 obras, procedentes de museos e importantes colecciones privadas (Masaveu, Abelló, Alberto Cortina…) Ocho de las obras ilustran su etapa de formación (1908-1913), cuya producción es muy escasa.

Tuvo profesores de altura: Álvarez de Sotomayor, Emilio Sala, Anglada Camarasa, Van Dongen… En estos primeros años predomina la figuración, con pinturas como «La española» y «La comulgante», emblemática obra que comenzó a pintar en 1914 y terminó en 1920. Se expuso al año siguiente en el Salón de los Independientes con un gran éxito de crítica y público. La adquirió Paul Rosenberg.

La etapa cubista (1913-1919) agrupa 41 obras (35 pinturas y 6 dibujos). Advierte la comisaria de la muestra, María José Salazar, que «la obra cubista de Blanchard supera la de algunos de sus coetáneos, como Gleizes, Marcoussis, Metzinger o Léger». Cuelgan obras maestras como «La dama del abanico», «Naturaleza muerta roja con lámpara» y «Bodegón con caja de cerillas». Su trabajo, no muy alejado del que hacía el triunvirato cubista (Picasso, Braque, Gris), tenía, sin embargo, una personalidad propia y bien definida: su cubismo aporta, según la comisaria, plasticidad -con un personal dominio del color- y sentimiento.

María Blanchard al fin saborea el éxito. Es comprendida y valorada. André Salmon la seleciona para la mítica exposición «L’Art Moderne en France» (allí se mostró por primera vez «Las señoritas de Aviñón», de Picasso) y el gran marchante Léonce Rosenberg la ficha en 1916 para su célebre galería, «L’Effort Moderne». La vida le sonríe al fin.

La última parte de la exposición, que permanecerá abierta hasta el 25 de febrero de 2013, explora el retorno a la figuración en sus últimos años (1919-1932) Aquí cuelgan sus obras más conocidas: «El borracho», «Maternidad oval», «El niño del helado», «La convaleciente»… Pero 1927 fue un año de inflexión en su carrera: la muerte de Juan Gris le sume en una profunda depresión y un preocupante abandono físico. Su pintura se torna más poética y melancólica, mientras su salud se debilita. Tanto dolor y sufrimiento vital vertidos en sus obras recuerdan, según María José Salazar, a Frida Kahlo.

Una gran desconocida

Pero María Blanchard cayó en el olvido. Se lamenta la comisaria de que aún hoy sigue siendo una gran desconocida, pese a que igualó, y en algunos casos superó, el trabajo de sus compañeros. «Se abrió camino en un mundo de hombres -comenta María José Salazar-. Fue a París en busca de la libertad y lo logró a través del cubismo». Al machismo de la época hubo que sumar que, tras su muerte, la familia retiró su obra del mercado debido a un pleito con su galería. En España, sus exposiciones se cuentan con los dedos de la mano. Desde que Gómez de la Serna la incluyera en 1915 en la exposición «Los pintores íntegros», Blanchard no volvió a exponer en su país hasta 1943, en la galería Biosca. Y para la siguiente hubo que esperar 33 años más.

Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, cree que en el caso de María Blanchard «ha habido un abuso de lo biográfico» -se ha visto su obra como reflejo de una vida enferma-, lo cual ha producido un enfoque reduccionista en su trabajo, que ha sido muy injusto para ella: «María Blanchard es una “outsider” difícil de catalogar». Para Paloma Botín, vocal del Patronato de la Fundación Botín de Santander, Blanchard fue «una figura clave de las vanguardias históricas y ocupa con esta exposición el lugar que le pertenece en la Historia del Arte».

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